jueves, 27 de febrero de 2014

Milagro del 27/11/13

Buenos Aires, 7/1/2014

Tenía que comenzar en algún momento el relato de lo sucedido, aun no se bien por donde comenzar y ciertamente falta mucho para conocer el final ya que aún se está escribiendo.

Mi familia por el lado materno sufrió, casi sin excepción, de problemas coronarios; sin embargo todos fumaban, en algunos casos de manera muy exagerada.
Conciente de este antecedente hasta hace unos 9 años me hacía periódicamente controles cardiológicos para asegurarme de no haber recibido esa herencia. Por otra parte, nunca fumé, ni tuve sobrepeso, ni tuve colesterol alto y siempre estuve en muy buen estado físico. Estaba convencido que jamás iba a tener problemas coronarios.

Por el año 2005 tuve serios dolores que a veces me incapacitaban el uso del brazo derecho, el dolor era tan intenso en hombro y brazo que alguna vez tuve que empezar a aprender a escribir con el izquierdo. Luego de muchos estudios que mostraban que tenía artrosis en todas las articulaciones se descubre que tengo la enfermedad de Lyme, una bacteria que se contagia por la picadura de garrapata infectada con Borrelia. No es una enfermedad que exista en América del Sur, así que por eso el diagnóstico y tratamiento se demoró varias décadas, cuando gran parte del daño ya había ocurrido. Incidentalmente se descubre que sufro de una pequeña insuficiencia renal.
Los dolores y las noticias me dejaron muy mal de ánimo, muy preocupado. Casi en forma coincidente muere Juan Pablo II y a mi me agarró un berrinche contra Dios. Juan Pablo había tenido una importancia fundamental en el amor que yo tenía a la Iglesia. 
Fueron sus palabras las que atravesaron mi cuerpo y llegaron a mi alma y me parecía injusto su final tan duro. Esperé que se cumpliera un milagro hasta el último segundo, pero hasta que asumió Benedicto XVI parecía un nene con berrinche, enojado con Dios por el destino de Juan Pablo II. De hecho le decía a Dios, “soy tu hijo, te quiero y me querés, pero bancate mi berrinche, no me gusta lo que hiciste”.
El día de la muerte de Juan Pablo II lloré mucho y recé mucho. Tuve mucha pena de que no iba a poder verlo y que seguramente no iba a poder presentarle mis respetos ya que el viaje a Italia estaba muy fuera de nuestro presupuesto.

Pasan un par de meses y mi región comienza a reportar a Francia, mi jefe quiere conocerme y me hace viajar a Paris en octubre. Yo estaba en pleno tratamiento contra la enfermedad de Lyme que tiene como característica que cuando la bacteria es atacada libera neurotoxinas que producen tremendos dolores, eso sumado a las altas dosis de Doxiciclina que tenía que tomar me dejaban hecho un trapo.
Ni bien llego a Paris salgo directo a Rue du Bac 140, donde se encuentra la Capilla de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, allí está Santa Catalina Labouré incorrupta adelante del altar, en su ataúd de cristal abajo de la imagen de la aparición de la Virgen. Me enamoré de ese lugar y termine regresando como 4 veces en esa semana.

La Virgen de la Medalla Milagrosa me acompañaría luego cuando más lo necesitara… yo no lo sabía…

Lourdes
Me tomo un día de vacaciones y voy a Lourdes. En el hotel me dijeron que en 40 minutos llegaba al aeropuerto, aunque luego de una hora y media en el taxi yendo a paso de hombre por la congestionada autopista comencé a desesperar. Llegamos muy tarde, corro al mostrador y me dicen que el vuelo estaba cerrado y embarcado, próximo a salir. Siento que el mundo se me viene abajo. Me dice la empleada, “venga mañana”, pero al día siguiente yo ya no iba a estar en Francia. Le digo “tengo que ir… mañana ya no estoy…”. Entonces toma el Handy, habla con alguien, me emite la tarjeta de embarque y me dice “corra, corra, no pare en seguridad ni nada, corra”. Y así lo hice, como si el enemigo me persiguiera corrí por el aeropuerto, al llegar a seguridad me puse delante de todos y seguí corriendo. Llego al mostrador del gate que estaban desarmando y las empleadas preparándose para irse y le muestro mi pase de abordar. La empleada me dice que el vuelo ya cerró y salió. Se me empiezan a caer las lágrimas, no era un simple viaje de turismo para mi, tenía mucho que pedir. Llama a otra empleada y comienzan a hablar enérgicamente por el handy, luego de unos segundos me dice “corra, no pare, corra” y así lo hice, corrí por la manga hasta llegar al avión, que habían traído de vuelta y que estaban abriendo para mí.

Al llegar a Lourdes nunca vi tanta agua cayendo del cielo, una lluvia impresionante. Yo no tenía nada para protegerme así que a los poquitos minutos estaba como si me hubiera metido en una pileta. Todo dolorido, todo mojado y con frio.  Resumiendo lo que paso, aunque hay muchas cosas lindas que ocurrieron, digamos que pude ir, rezar, agradecer, en la misma gruta de las apariciones… el enemigo me puso mil trabas en el camino, la Virgen me dio mil y una soluciones.
Estando en la gruta de las apariciones, voy caminando por dentro de la gruta tocando la pared de piedra y me detengo justo por detrás del altar y pido “Yo no se si lo mejor es que me quites el dolor o tengo que tenerlo por algún motivo, pero me duele mucho, por favor hace lo que sea mejor, si me lo quitas, mejor” y el hombro derecho me comienza a doler con un dolor intenso, taladrante, justo donde mas me dolía. Miro al techo y la única gotera justo descargaba sus gotas sobre ese preciso punto en mi hombro.

Sigo caminando pensando que nada es casual, aunque interiormente dudaba de si podía ser casualidad y me detengo justo debajo de donde se produjo la aparición de la Virgen, rezo mucho y al instante nuevamente ese dolor taladrante, fuertísimo, en exactamente ese punto neurálgico. Vuelvo a mirar y otra gotera proveniente de donde apareció la Virgen caía sobre mi hombro. Solo dos goteras había, ambas gotearon sobre mi hombro derecho con precisión quirúrgica, justo donde más me dolía . Me sentí reconfortado, las palabras sobraban, ella sabía exactamente para que había ido y se estaba encargando del tema.

Una anécdota graciosa me ocurrió cuando salgo del santuario y me tomo un taxi, le digo “lléveme a la tumba de Bernardette” y el taxista me mira con cara rara y le repito “tumba de Bernardette” y me responde: “está en Nevers cerca de Paris” (es decir a mas de 500 km). Nos reímos y entonces le pido que me lleve a “una casa de música que tenía un cartel grande de armónicas Hohner que estaba en …” y me corta con una sonrisa diciendo “hay una sola casa de música en Lourdes” así que fuimos para allá a comprar mi armónica. Como estaba cerrado por la siesta tuve que esperar y como no me puedo quedar quieto me puse a caminar por todo el pueblo.

Por la tarde tenía que volver, yo estaba empapado hasta los huesos, lo único que atiné a hacer fue comprarme una botitas de gamuza y un par de medias, así que al menos los pies los tenía secos. Entro en una iglesia abierta y me encuentro la pila bautismal con la que habían bautizado a Bernadette Soubirous. Fue una linda sorpresa.

Llego al pequeño aeropuerto y voy a la única casa de comidas, pregunto si puedo comer y me dicen que ya no tenían mas comida, que además estaban cerrados. Le agradezco con una sonrisa y me doy vuelta. Pero la señora me llama y me dice “vos no comiste!?” … “No, le respondo yo” y me dice “esperame un minuto”. Vuelve con un plato muy grande con panes y una picada de fiambres con la que he soñado muchas veces. Estuvo extraordinaria. Nos quedamos hablando, voy a pagarle y me dice “no es nada”. El haber comido algo tan rico fue un regalito del cielo.


Vaticano
Al día siguiente, como tenía un proyecto en Grecia, volé a Roma por el fin de semana, resultaba mas barato para la empresa eso a que me quedara en Paris. Así que dormía poquito en el hotel y vivía mucho en el Vaticano. Voy a visitar la tumba de Juan Pablo II, Los guardias te dejaban que salieras de la fila y que te quedaras rezando así que pude rezar largo y tendido, Rosario en mano con lágrimas de alegría y pena y pude decirle todo lo que quería decirle y agradecerle todo lo que quería agradecerle.
Salgo de la cripta y me entero que está por comenzar el Angelus, le pregunto a uno de los guardias de la siguiente manera “Soy una persona de fe, muy religiosa, no vengo por turismo, quiero escuchar el Angelus, que tengo que hacer?” y la dureza de la cara de guardia, acostumbrado a miles de turistas preocupados por sacar fotos, desapareció y me dice en voz baja: “ves donde están todos? bueno, allí no te pongas, ponete debajo de esa ventana donde no hay nadie”.

Y voy … solito, confiando … hasta que  se abre la ventana sobre mi cabeza y sale Benedicto XVI que comienza el Angelus con
Hace veintisiete años, exactamente un día como hoy, el Señor llamó al cardenal Karol Wojtyla, arzobispo de Cracovia, a suceder a Juan Pablo I, que murió poco más de un mes después de su elección.  Con Juan Pablo II comenzó uno de los pontificados más largos de la historia de la Iglesia, durante el cual un Papa "venido de un país lejano" fue reconocido como autoridad moral también por numerosos no cristianos y no creyentes, como demostraron las conmovedoras manifestaciones de afecto con ocasión de su enfermedad y de profundo luto después de su muerte. Ante su tumba, en la cripta vaticana, todavía prosigue ininterrumpidamente la peregrinación de numerosísimos fieles, y también este es un signo elocuente de que el amado Juan Pablo II ha entrado en el corazón de la gente, sobre todo por su testimonio de amor y entrega en el sufrimiento.
En él pudimos admirar la fuerza de la fe y de la oración, y una consagración total a María santísima, que lo acompañó y lo protegió siempre, especialmente en los momentos más difíciles y dramáticos de su vida”
  
De mas está decir que se me caían las lágrimas. Juan Pablo II no solo me había llevado donde el, sino que lo hizo en el aniversario en que fuera elegido Papa. El Espíritu Santo solo conoce la perfección y el amor profundo.
Juan Pablo II me acompañaría luego en otro momento crucial de mi vida … yo no lo sabía …


El cateterismo
El año pasado y hasta mediados de este fue fueron intensos para mi. Hice muchísimo ejercicio. Con dolores, con lesiones, enfermedades, pero seguía adelante.
Una frase que no me canso de repetir es “mi alma carga con mi cuerpo y Dios es el alimento de mi alma”. A veces la digo pero por desgracia fallo en escucharme.
No me cansaba, me exigía por encima de todo y el cuerpo realmente rendía muy bien. Hice el Instructorado de Salsa, tome algunas clases de danza clásica, de hip hop, baile montones de coreografías, competí el campeonato Argentino de Salsa, navegaba a vela y todo bien.
El sábado 23/11, regreso después de un tiempo de ausencia a la academia Danzarines a tomar una clase de tres horas de bailes latinos (jornada latina) la cual si bien disfruté mucho, por primera vez me sentí muy cansado.
Sin embargo a la noche salimos con Marisa, mi ángel que me acompaña desde más de dos décadas, al “Malecón en Costanera Sur” donde se toca música de salsa y bachata y uno baila en la calle. Fue una salida “perfecta”, bailamos, disfrutamos del vientito, del rio a nuestro lado, la luna enorme y hasta un sándwich de bondiola de uno de los carritos que estuvo espectacular.
El domingo hicimos asado a la parrilla y quedó mejor que nunca. Era el fin de semana perfecto, estaba más feliz que perro con dos colas.

Llega la tarde, hora de ir a misa y siento como un nudo en la garganta, algo raro, nunca antes había sentido algo así. El dolor cedía cuando tiraba el cuerpo hacia adelante por lo que imaginé que era un espasmo de esófago por haberme devorado dos helados de agua en un par de minutos y no un problema cardíaco. Sin embargo el dolor se irradió por un momento a los brazos y me dio miedo. Me quedo sentado y el dolor cede, pero al rato me levanto y vuelve. Llaman a una ambulancia y notan cambios en el electrocardiograma, nada demasiado serio, pero me llevan al Instituto Cardiovascular de Buenos Aires.
El primer diagnóstico fue una posible pericarditis, seguramente viral, pero un médico, que parecía el hermano gemelo de Adrián Suar, insiste que igual quieren controlar coronarias por el antecedente familiar. Me enojo por lo que considero una pérdida de tiempo. Me hacen enzimas y resulta que hay un evento cardiaco en proceso, las enzimas subían cada vez mas. Me hacen una eco y luego una tomografía multislice que muestra la arteria circunfleja tapada, una lesión menor en la coronaria derecha y algo indeterminado sobre la descendente anterior. El mundo se me vino abajo, hacía un mes había fallecido mi madre luego de 30 años de lucha contra su enfermedad coronaria. Ahora me tocaba a mi luchar contra lo mismo.
Me preparan para una angioplastia a hacerse al día siguiente, miércoles 27/11. El martes a la noche viene el sacerdote de una parroquia cercana a confesarme y aplicarme la unción de los enfermos.
Llega el miércoles, todo bien, asustado pero bien, entro en la sala de hemodinamia que parecía de la NASA, ultra moderna, llena de LCDs gigantes y muy amplia. La última imagen que me llevaba era la de Marisa, con sus ojos celestes cielo y su cara de pena y amor.

Como el procedimiento se hace despierto me preparan, me envían el cateter por la arteria radial del brazo derecho y me dicen "Vas a sentir calor" ... y ahi mi corazón dejo de latir. Intentan reanimarme y no pueden. Allí, en un procedimiento casi rutinario estaba siendo el 1 en un millón en el que se pueden producir complicaciones severas. A ninguno de los médicos actuantes le había ocurrido algo similar.
Debutaba mi cateterismo con un infarto y una muerte súbita. Mi corazón se estaba infartando y se detuvo.
Una de las médicas que estuvo allí me contaba que como el masaje cardíaco hay que hacerlo con mucha fuerza, ellos se iban rotando. En el caso de ella, persona de fe, me contaba que decía “German, German, ¿dónde estás? Volvé”. Sufrieron mucho porque veían en mi una persona joven que estaba en su grupo de edad, que fue por un cateterismo y que estaba muerto sobre la mesa.
Largos 20 minutos les llevó al grupo de médicos del ICBA volver a poner en marcha mi corazón. Se alertaron todos los departamentos y había un batallón de especialistas intentando resucitarme. A mi mujer luego de un largo rato le informaron que no estaban pudiendo sacarme del paro.

Sin embargo, ni bien lograron que mi corazón volviera a latir, este volvió a pararse y nuevamente volvieron a la carga para resucitarme. Tomaron muchas medidas extremas, se me inserto un balón de contrapulsación en la aorta, respirador, se me hizo una eco transesofágica para ver si el corazón se había desgarrado o alguna otra cosa, me siguieron enviando iodo, me pusieron en hipotermia con hielo, llenaron de vias centrales, transfusiones y demás cosas. No se dieron por vencidos.
Luego de otros 20 minutos y antes de que me colocaran con circulación extracorpórea o marcapasos me volvieron a resucitar y mi corazón volvió a latir.
Me contaban que fue una tarde de pesadilla, que no lograban estabilizarme, que me les escapaba a cada rato y que recién a la noche se sintieron confiados de que estaba algo más estable aunque en estado crítico.

Los médicos no sabían luego de 40 minutos de parada cardíaca y reanimación en que estado había quedado mi cerebro, por lo que me contaba un enfermero que, rodeado de médicos y enfermeros me cortaron el gas de la anestesia que me mantenía dormido “para ver que había quedado”. No me pudieron inducir un coma farmacológico porque el estado de mi corazón no era bueno y no lo iba a soportar. El enfermero me llamaba "German, German" y dice que cuando moví la cabeza para verlo, todos sintieron una felicidad enorme, que fue como una fiesta para ellos. Entonces comenzaron a hacerme apretar cada mano, mover pies y ya verificada la ausencia de daño neurológico, me intentaron poner a dormir con la misma dosis de gas, pero que ya no alcanzaba así que hubo que darme más.

Aunque parece mentira, me acuerdo bien de ese momento, me desperté y sentí como si tuviera todos los huesos rotos, me di cuenta que algo salió horriblemente mal, que una maquina respiraba por mi y vi la cara del enfermero, que reconocí después, que me decía "ya estás bien, nos diste trabajo, pero estas con nosotros, los dolores son de la reanimación". El respirador no me molestaba, yo sentía que no respiraba, que la maquina lo hacía por mi. Estuve 10 días conectado al respirador, en los últimos como ya estaban recuperando su función mis pulmones, le peleaba al respirador por lo que me durmieron por cuatro días.

Por mi cabeza en el momento del paro no se que pasaba, era conciente que me había muerto dos veces y que les costó traerme de vuelta, pero solo recuerdo bien tres días. Si fueron imaginación mía o si fueron guiados por Dios es un tema que cada uno decidirá creer o no. De hecho esto es irrelevante, porque esos tres días cambiaron mi vida.

En el primer día se me presentaron todas aquellas cosas malas que hice y que pensé que no tenían importancia, que me había confesado “como al pasar”. Una a una desfilaron por mi cabeza, bien presentes y se mantenían hasta que pudiera sentir el daño causado, repudiarlas y sentir pena y vergüenza por haberlas cometido.
No fue un día de castigo, no se sentía como un reproche, se sentía como una purificación, como quien ordena una habitación y saca todas aquellas cosas que quedaron en un rincón y que son realmente basura. No veía a nadie pero me sentía acompañado por la Virgen y por mi madre. Cuando cerraba los ojos veía una torre hueca de barro que incesantemente se construía ante mis ojos, era incapaz de treparla, veía luz apenas arriba de la torre pero no podía llegar a ella.
El segundo día se me mezcla con el tercero, tendría que haber escrito esto antes para tenerlo bien en detalle, pero imagino que la cronología es irrelevante y que solo los hechos importan.
La torre seguía construyéndose y yo me sentía como que no estaba en el infierno, pero si en un lugar solitario, como un purgatorio, protegido de todo mal, pero con muchas ansias de subir a la luz sin poder hacerlo y me dio mucha pena.
Fue un dia de enseñanza, donde aprendí el daño que producen todas aquellas cosas que yo hago privilegiando la justicia por sobre la misericordia o mi orgullo por sobre la humildad.
Sentí dolor y vergüenza por mi actitud y muchas ganas de rezar y hacer buenas acciones por todos aquellos que me habían hecho algún mal, sentí autentica pena de cómo había respondido y una fuerza interior abrumadora que me instaba a devolver el bien por todo mal recibido.  No sentía dolor, sentía solo fuerza, fuerza de levantarme y devolver en exceso el bien por cada mal.
Se me dio un don, el de sentir y sufrir por quien me hace mal y de sentir misericordia por la acción. Se me mostró la importancia de contrarrestar un mal gesto por un buen gesto como forma de alabanza a Dios, quien sufre por los malos gestos y disfruta los buenos, los que nos acercan a El.
Se me mostró que cada maltrato recibido es la mejor oportunidad de mostrarnos como hijos de Dios, de dar testimonio de ese Dios que nos ama y nos perdona constantemente y que nos responde siempre con bien a cada mal que nosotros le hacemos.
Se me reveló parte de la Pasión, que hasta entonces la tenía velada, la sentí en carne propia. Me costó mucho entenderla cuando la estudié y solo la pude desarrollar a nivel cerebral, ahora se me abría la gracia de sentirla y de unirme un poco con el Cristo que con dolor siguió adelante confiando exclusivamente en su Padre, que no abandona nunca y que domina con amor toda la creación. Ni un pelo cae de nuestra cabeza si eso no tiene un bien asociado, aun separados de El por voluntad del hombre, el Dios de la alianza no abandona jamás a sus hijos. Lloré por el dolor y por el amor de Jesús. Le pregunte porque indigno como soy, me dejaba acercarme a su Pasión y la respuesta que me vino a la cabeza fue: “Porque quiero”.
Luego llego algo que podemos definir como “el propósito de enmienda y propósito de misión”, de entender como con pequeñas cosas cada persona tiene mucho valor dentro del perfecto esquema de la Creación, como cada uno de nosotros puede ser luz para el que está al lado, como se siente la alegría de ser parte de esa misión. Mil alternativas vinieron a mi cabeza de cosas para hacer, una nueva misión estaba siéndome revelada. Con mucho amor. Con mucha dedicación.

Sin embargo, seguía con miedo por nuestro futuro, por mi salud, el trabajo, por mi familia y la torre de barro seguía construyéndose delante de mis ojos y aunque la luz estaba más cercana y me sentía mas cerca de Dios, me sentía frustrado por no llegar a ver más allá y vino la enseñanza final:
La misericordia de Dios, producto de su infinito amor, domina por sobre la justicia, no existe la justicia sin misericordia, el amor supera cualquier acción errada y es devuelto por ellas. Pero la misericordia no es solo un hecho que aplica sobre terceros sino que aplica a cada uno de nosotros. ¡Aplica a mi! ¡Yo soy digno de misericordia, soy digno de perdón, soy amado desde mi concepción y fui creado por libre elección de Dios, y estoy siempre acompañado del amor del Padre que solo desea lo mejor para mi y que no teme introducirse en los hechos cotidianos para protegerme si yo le entrego mi vida a El !

Con fuerza devastadora, con amor que supera los límites, no iba a dejar que nada me aparte de El. El es mi roca y mi refugio, mi madre y mi padre, El es mi todo. Es mi felicidad.
El error más grande de Judas fue considerarse indigno del perdón y el amor de Dios. El mismo Judas fue creado por amor, para su salvación y el poder de Dios es muy superior en perdón y amor para quien se acerca y con el corazón lo ama y confía en El. No confiar en el amor infinito y misterioso de Dios es lo que nos impide elevar los ojos al cielo y ver la luz que nos alumbra, hoy y siempre.

Recordé las palabras del profeta Isaias "Y Sión decía: «Yavé me ha abandonado y el Señor se ha olvidado de mí.» Pero, ¿puede una mujer olvidarse del niño que cría, o dejar de querer al hijo de sus entrañas? Pues bien, aunque alguna lo olvidase, yo nunca me olvidaría de ti."
"No temas, porque yo estoy contigo, no te inquietes, porque yo soy tu Dios; yo te fortalezco y te ayudo, yo te sostengo con mi mano victoriosa. Porque yo, el Señor, soy tu Dios, el que te sostengo de la mano derecha y te digo: "No temas, yo vengo en tu ayuda".
Y el salmo 26 El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar? Cuando me asaltan los malvados para devorar mi carne, ellos, enemigos y adversarios, tropiezan y caen. Si un ejército acampa contra mí, mi corazón no tiembla; si me declaran la guerra, me siento tranquilo. Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa del Señor por los días de mi vida; gozar de la dulzura del Señor, contemplando su templo.

y a partir de ese momento el amor de Dios comenzó a inundar mi corazón, sentí una luz que me abrazaba, que me atravesaba el cuerpo y llenaba mi alma y comencé a llorar de alegría. La torre cesó de construirse y si bien no podía ver la luz, la sentía, presente, me rodeaba, me abrazaba.
El privilegio de ver la luz no era aún para mi, pero el amor de Dios me quemaba en mi interior. No había duda, no había miedo, no había dolor, solo amor pasional que sentía que iba a hacerme explotar el corazón. Fue una felicidad absoluta. Con el cuerpo todo roto, entubado, lastimado, con respirador yo me sentía feliz y nada más importaba. Lloraba y agradecía ese amor lleno de felicidad.
Ese día desperté y Marisa me contó de toda la gente que estaba rezando por mi, de miles y miles de personas desconocidas que estaban pidiendo por mi en muchos lugares de Argentina y del mundo. Incluso me habían inscripto en las misas de Tierra Santa con 80 misas diarias y a perpetuidad.
Me contó de mi hermana que el día de la cirugía sintió que “se le desgarraba el alma” y tomó el primer vuelo para venirse de Alemania. Consiguió el último asiento, se sentó y la azafata le dice “este no es su asiento sino que ese” que fue al lado de una monja Carmelita misionera, así que rezaron todo el vuelo. Al llegar le regaló a mi hermana una estampita de Juan Pablo II con una reliquia de la manga del Papa santo.
Esta estampita me la pegó Marisa en la cabeza ya que no había otro lugar donde pudieran colocármela ya que según ella cuando me vio “era un Cristo” ensangrentado, lastimado, con tubos por todos lados e inflado por los edemas. Mi función neurológica para sorpresa de muchos probó estar intacta.

En los primeros días daba un paso adelante y tres atrás en mi recuperación, no descartaban la posibilidad de trasplante o el colocarme un dispositivo CDI que en caso de arritmias malignas ventriculares o parada del corazón libera un impulso eléctrico a los electrodos colocados directamente en el corazón, como si me pusieran las paletas desfibriladoras.
Marisa me entregó al tercer día a la Virgen de la Medalla Milagrosa, me cedió a ella, le pidió que por favor no me llevara, pero me entregó. Hay un antes y un después de este momento, mi cuerpo comenzó a estabilizarse.
Mi función hepática no solo estaba seriamente deteriorándose sino que empeoraba, me pegan la estampita y se normaliza, mis riñones estaban con insuficiencia aguda, me  pega la estampita en la espalda a la altura de los riñones y la creatinina baja de 6 a 1.6 en un día. Lugar que la manga de Juan Pablo II me tocaba, lugar de milagrosamente se curaba. Además verlo me hacía sentir tranquilo, lleno de amor.
Juan Pablo II estaba nuevamente en mi vida, dándome vida.

Por otra parte, no me había dado cuenta de que el cateterismo me lo hicieron el 27/11 que es el día de la Virgen de la Medalla Milagrosa. Ella también tenía que estar presente, cubriéndome con su manto, protegiéndome y evitando que me fuera antes de tiempo.

Llenaron de estampitas y medallitas mi cama. La estampita de la Santa Madre Maravillas de Jesús con su reliquia del manto me llenaba de paz, sentía los ojos de una madre, que cuida a su hijo, que no lo abandona. Hace algo mas de un año atrás fuimos con Marisa a llevar frascos al Monasterio del Ssmo. Corpus Christi y San Juan de la Cruz en Amenábar 450 en el barrio de Belgrano, donde las monjitas de clausura hacen dulces y conservas para poder sostener el monasterio y la preciosa iglesia que tiene. Esa vez nos permiten entrar a la iglesia que estaba cerrada y a Marisa le da un escalofrío y se le comienzan a caer las lágrimas. En ese momento no supo porque.
En mi peor momento nos dan la estampita a Marisa de la Santa Madre Maravillas, con ese pedacito del manto de la santa y decide ir todos los días a la misa de las 7.30hs y al Rosario que se reza luego. Ella recordaba esa sensación de la primera vez que fuimos y sintió que la Santa Madre Maravillas le quería avisar lo que iba a suceder. La intercesión de ella en mi curación fue notable. El amor que le tengo es profundo tanto a ella como a las hermanas del monasterio que rezaron por mi y que fueron parte fundamental de este maravilloso milagro de Dios.

En casa habían armado un pequeño altarcito para rezar y mientras Marisa le rezaba a Jesús Misericordioso sintió dentro suyo el llamado de “¡entrar en acción!” y fueron a la parroquia de Jesús Misericordioso, donde se hizo imponer las manos en nombre mío y donde a pesar de estar cerrado los dejaron entrar y subir donde está la imagen para rezar. El 8 de diciembre fueron a la misa de bendición, apoyaron mi foto contra el Santísimo Sacramento.

El Padre Pio y a San Pantaleón (que también tenía encargado mi hígado) Marisa los puso a cargo de mis pulmones, colapsados, que no funcionaban, que desarrollaron una neumonía que se disipó sola para sorpresa de todos y que luego de 10 días funcionaran bien como para quitarme el respirador.
Muchos médicos calificaron lo ocurrido de "milagroso", el que esté vivo, el que no haya quedado con secuelas y que haya recuperado de la manera que lo hice. “Milagro” es el momento en el que Dios decide dejar el anonimato e intercede en forma directa, por amor, en nosotros.

y yo me entrego ... confío, creo, espero ... muchas de las cosas mas difíciles que me han ocurrido termino entendiéndolas luego y cuando eso ocurre solo puedo decir la palabra: "perfecto" porque esa desgracia fue el camino perfecto que trazo mi futuro. Porque la desgracia no fue enviada por Dios, pero El no deja que esa desgracia ocurra si sus consecuencias no nos acercan mas a ser verdaderos hijos suyos. El cambia nuestro mal por bien si nos entregamos a El. El desea nuestra felicidad.
Nuestro objetivo en esta tierra es alcanzar la santidad. El éxito verdadero es ser digno de llegar al cielo. Todo lo demás es temporal e irrelevante.
Ahora … no se llega al cielo solo, sino que mediante nuestra propagación del mensaje de amor y caridad de Dios a todos sin excepción. El mensaje y el amor no son egoístas, son de entrega plena, hasta que uno reviente … reviente de alegría por haber entendido el mensaje y sentir el amor que a través nuestro Dios lleva a nuestros hermanos.
Una muestra de esto fue un compañero de sala que tenía. Un odontólogo bastante mayor que yo que le hicieron una cirugía bypass el mismo día que yo, como lo que encontraron fue mas complejo de lo esperado, comenzaron con dos bypass, lo cerraron y volvieron a operar ese mismo día mas tarde. Era un hombre solo, que unos días mas tarde tuvo convulsiones, (que recuerdo bien ya que estaba enfrente mío en la unidad coronaria) y cuyo estado era delicado. Guillermo, mi hijo comenzó a rezar por él y luego estábamos todos rezando también por él y por una señora que estaba en coma.

Dios es lo suficientemente poderoso como para atender a mas de un hijo a la vez y disfruta cuando nosotros en nuestro dolor nos acordamos del prójimo que sufre, dejamos de lado nuestro egoísmo y nos abrimos por amor al prójimo. Ambos comenzamos a mejorar en forma paralela. Nos terminamos haciendo amigos y en una visita entre enfermos (cruce de habitación) cuando ya pasamos a sala, le conté mi historia y él me contó la suya: El vive solo y además de su trabajo se dedica a la iconografía bizantina, que es un tipo de pintura religiosa que servía como relato de la vida de Jesús (siglo VI). Para ello emplea técnicas de ese entonces, que incluyen huevo, aceite, etc. Siempre lo representaba a Jesús en vida, siempre evitó el evento de la crucifixión.
Un día le pidieron que dibuje al Cristo crucificado y así lo hizo, comenzó el trabajo y una vez que estaba completándolo y trabajando sobre la cara sintió un fuerte dolor en el pecho, se estaba infartando. Se salvó de milagro.
Ambos pasamos a habitación el mismo día, que coincidió con el día que nos nombraron en la misa de la iglesia de la Madre Maravillas.

Después de tres semanas del cateterismo los médicos me informan que decidieron que me tenía que operar de nuevo. Me dio miedo, mucho miedo. No porque dudara de Dios, porque cualquier camino era perfecto. Me dio la oportunidad de congraciarme con el mundo y de ser un mejor hijo, llevarme a El era un camino perfecto para mi aunque me apenaba. Pero por otra parte, darme una nueva vida ... hacer morir mucho de lo malo y revivir mi esperanza era algo muy poderoso. Dios no deja milagros a medias me decía Marisa y yo la oía.
Pero tenía miedo ... mi corazón, ahora muy lastimado no iba a soportar semejante desastre de nuevo ... y recordé como Jesús caminó a su destino con fe, sabiendo que el final de su camino iba a tener la peor de las muertes y confió ... y yo confié 

Me muestran el video de mi cirugía para mostrarme la arteria tapada. Cabe destacar que muchos años atrás estudié medicina por algunos años y quería dedicarme a la cardiología intervencionista, por lo que había visto angioplastias y las imágenes del video de mi cateterismo eran algo familiar. Así que veo el video y veo mi corazón latiendo mientras un chorro de iodo ilumina las coronarias incluyendo un hilito muy finito del tercio medio de la circunfleja casi totalmente tapada. Después se ve como el corazón se detiene, es decir, como muero. Se ven las manos de quien me hace RCP, se ve cuando me ponen en respirador. Tenía miedo que eso volviera a ocurrir.
Un amigo mío que es cardiólogo viene a verme y se toma todo el tiempo de analizar todo en detalle. Los demás solo decían "operar" y "no creemos que vuelva a pasar, pero si pasa estaremos todos listos".

Eso reconozco que no me servía mucho de consuelo ... mi amigo me explicó que un 20% de los enfermos cardiacos no tienen síntomas, que ellos debutan el infarto con una muerte súbita. En el sueño, luego de jugar al futbol, luego de comer ... yo estaba en ese 20% ... mi destino era morirme sin posibilidad de salvación, bailando, navegando, corriendo o durmiendo. En mi caso, milagrosamente mi infarto y la muerte súbita me habían ocurrido en uno de los mejores quirófanos del país y uno de los que contados con los dedos de una mano tenían los recursos y la capacidad para hacerme todo lo que me hicieron para revivirme. La situación ahora era distinta, el corazón se había “enfriado”, no había infarto y estaba con antiarrítmicos, era prácticamente imposible que volviera a ocurrir lo que pasó la primera vez.
El Padre Alberto, cura párroco de mi parroquia, vino esa noche, me confesó, dio la comunión y aplicó nuevamente la unción de los enfermos. El me había visto también al día siguiente del paro, cuando todavía estaba en estado crítico.

Y al día siguiente vino Marisa con una estampita … ella paso caminando y vio una parroquia. Como suele hacer, si ve una parroquia abierta ella entra. Resultó ser la Parroquia de la Virgen de Fátima. Mientras estaba rezando sentaba en un banco una señora se le acerca porque la ve muy angustiada y le pregunta que le pasaba, ella le contó y la señora le regaló una estampita bendecida de la Virgen de Fátima con los tres niñitos a sus pies.
Cuando volvió al sanatorio y me la dio, comencé a besarla y a llorar. Era el mensaje que necesitaba, la fuerza que me faltaba, ya estaba listo para enfrentar la siguiente cirugía. “La Virgen de Fátima tiene algo conmigo” digo siempre sin dar demasiadas explicaciones. Pero nada mas cierto. Poner lo que pasa entre la Virgen de Fátima y yo ocuparía muchas páginas, llenas del amor de la Madre que me viene a buscar en todos los momentos más difíciles, de manera bien explícita, abrumadora, milagrosa, llena de amor. A ella le tengo un amor incondicional, pleno, confiado y se que ella me lo tiene a mi. Esa estampita la tuve cuando era chico y la había perdido, ella me la estaba enviando de vuelta.

Y al día siguiente me operaron y destaparon la arteria tapada sin problemas, unos días mas tarde y casi a un mes de haber entrado me dieron el alta y ahora estoy recuperándome, acompañado de Marisa y de los chicos que son ángeles que Dios me puso en el camino, por amor, por ese tremendo amor que me tiene y que me pinta un paisaje nuevo cada día, me pone flores en el camino, una sonrisa en aquel que pasa a mi lado y miles de rezos de todos aquellos que aman a Dios y me cuidan cuando estuve enfermo. Luces brillantes en este mundo que tiene que salir de las tinieblas y que sin duda logrará salir.

Muchos milagros sucedieron en este mes, mi hijo Guillermo me decía que si fuéramos a Marte y encontramos un Ipod sabríamos que hay una especie que lo creó, pero que si vemos a un humano, infinitamente más complejo que un simple Ipod decimos que es producto de la casualidad y de la evolución. Los milagros ocurren, incuestionablemente. Nosotros somos un milagro.
Mucha gente dice haberme visto en apariciones en mi peor momento cuando aún se hablaba de la posibilidad de implantarme un desfibrilador interno o de hacerme un trasplante y todos me vieron feliz.
Mi hermana me vio con el alma celeste, con mucha luz y feliz, con mucho miedo me gritó que vuelva. A otros que los fui a saludar, también estaba feliz y algún otro me dijo que mientras rezaba por mi me vio bien con María de un lado y Jesús del otro.
Tengo que reconocer que siendo chico le rezaba al Padre en forma directa, luego aprendí a rezarle a Jesús y en algunas noches duras me abrazaba a la almohada imaginando que eran los pies de Jesús y pidiéndole que me acompañe.
Pero María, si bien estuvo siempre el respeto por la madre de Dios, por mucho tiempo no estuvo en la prioridad de mis oraciones. Aunque yo si en las suyas como luego descubriremos.
Dudar del amor de María sería para mí una ridiculez, ella me buscó de manera intensa y tan explícita que dejar de sentir amor por ella sería ignorar la obviedad.


San Nicolás
San Nicolás no era un lugar que tuviera demasiadas ganas de visitar. En uno de nuestros viaje a Córdoba, con sus 12 horas largas y penosas horas de viaje que detesto desde el primer hasta el último minuto (ya que odio manejar), el parar en San Nicolás no es algo que hubiera hecho voluntariamente.
Un día, viajando con Marisa y los chicos rumbo a Córdoba, Marisa me dice de parar en San Nicolás para ver el santuario de la Virgen y yo le respondo como otras veces "bueno, vemos…" aunque verdaderamente lo que pensaba era "bueno, vemos si pasamos de largo”. Lo mío no era solo capricho, el tema es que detesto manejar y me cansa mucho ese viaje tan largo, por lo que pensaba que si además hacemos una parada allí probablemente no iba a estar en condiciones de cumplir los 800 km sin quedar destruido del cansancio, lo cual manejando la última parte por montaña, me preocupaba.
Al poco tiempo de salir de Buenos Aires, uno de los chicos empieza … “quiero ir al baño”, otro empieza con “quiero vomitar”, otro con “tengo sed”. Ante el aumento del volumen de las quejas y solo porque era inevitable, gruñendo por lo bajo salgo en la primer estación de servicio que aparece en la ruta.
Bajan todos del auto, estaciono y voy al bar a tomarme una Coca Cola, me apoyo en la barra con tan mala suerte que una avispa ya estaba allí y no queriendo ser aplastada por el intruso, se defiende y me pica la mano derecha.
Como imaginarán soy alérgico a la picadura de avispas, así que la mano me dolió muchísimo, se me infló como piñata y de repente me empieza a molestar la garganta. En la estación de servicio no tenían Decadrón por lo que les pregunto donde estaba la farmacia mas cercana ya que necesitaba urgente un Decadrón y me dicen “primera salida, unos 3 km”.
Subimos todos volando, salimos en esa primera salida, sigo por allí y llegamos finalmente a la farmacia, donde compro el Decadrón. Invito a que se bajen todos si son impresionables, me bajo los pantalones y me lo inyecto, al rato empezó a mejorar todo.
Cuando salimos de la banquina vemos adelante nuestro el cartel que decía "Al Santuario de la Virgen de San Nicolás". Habría que haber sido muy necio para no entender el mensaje, así que fuimos.
Fue amor a primera vista, regresamos muchas veces mas, incluso alguna vez regresé solo, a escondidas, porque algo me llamó, fui y volví en el día. Aproveche para confesarme y fue la primera vez en mi vida que sentí que esa confesión fue un dialogo con Dios, es muy difícil expresarlo con palabras, fue hablar simple, sin culpas, sin angustias, sin tiempos, sintiendo el perdón absoluto y el amor infinito con cada palabra dicha y escuchada.

Una de las tantas veces que volvimos vez estábamos con Marisa y vimos como el sol cambiaba de color, se ocultaba y volvía a aparecer, se podía ver a simple vista, no encandilaba, ambos estábamos viendo eso pero ninguno emitía palabra hasta que Guille, que era muy chico nos mira y dice “miren el sol, como hace!”.
Muchas otras cosas nos sucedieron con la Virgen de San Nicolás, desde sentir un fuerte olor a jazmín a cada rato (lo cual en mi caso debería ser imposible ya que perdí el olfato de tantas cirugías sinusales) hasta que un frasquito con agua bendita tomara un fuerte olor a perfume.
Reconozco que soy muy duro para creer, soy muy escéptico de todo, pero esta evidencia era aplastante.


Virgen de Fátima
Por el año 1999 y yo estaba enfermo, no estaba nada bien de salud. Por mi trabajo viajaba mas que muchos pilotos, decenas y centenas de viajes uno atrás del otro. Realmente estaba harto de viajar, era gerente de ingeniería de ventas, me habían dado además ventas de cono sur y era el responsable de operaciones de la oficina de Brasil. Realmente era mucho, era realmente el trabajo de tres personas.
Llego a Ezeiza para viajar a Chile y de repente me da un bajón muy fuerte, me sentí morir. No llegué a los asientos del aeropuerto y me siento en el piso. Cuando me comencé a sentir un poco mejor me paro, sigo, embarco, viajo y llego al hotel Sheraton de Santiago de Chile siendo ya la medianoche, Como es mi costumbre: prendo la tele, que encendió en el canal Católico. Típicamente en muchos hoteles (incluso en esa época en el Sheraton) los canales religiosos, especialmente los católicos, los bloqueaban.
A mi siempre me gustó la historia de la Virgen de Fátima y justo había un cura hablando de ella. Cuando termina de hablar el padre explica que estaba hablando desde el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe en México.
Las palabras previas que había escuchado ya me había perforado hasta el alma y la cama ya estaba toda mojada y yo seguía llorando como un niño. Amo a Dios y a su Iglesia, sentía pena de haberme alejado por la vorágine de trabajo y ocupaciones diarias y sentí ansías de volver.
Recuerdo entonces con pena el hecho de que había rechazado hacerme cargo de la oficina de Mexico ya que con lo que tenía, mi vida era un caos. De hecho me enojé con mi jefe cuando me lo ofrecieron y hasta amenacé con renunciar si me la asignaban. Pensé que Mexico no estaría en mis planes de viaje y sentí pena por no poder ir a ver a la Virgen de Guadalupe.
Al día siguiente comienzo las reuniones de trabajo con nuestro distribuidor en Chile. Durante el dia empecé a recibir llamados de felicitación e incluso algún correo. Llamo a mi jefe en Atlanta y le pregunto ¿porque la gente me está felicitando? Me dice, “te envié un mail, no revisaste?” Le pregunto "que mail????". Revisa un instante y me dice "oops me olvide de copiarte… te lo envío…” En ese mail me habían ascendido y me habían además puesto a cargo de la oficina de México, por lo que tenía que estar allá rápidamente para hacerme cargo.
Ante mi pregunta de porque México, con todo lo que había dicho, me responde que “y bueno, pero ya está, te necesito allá

Pero esto no termina aquí. Como me sentía mal, antes de viajar saque de la biblioteca un Evangelio de la madre de Marisa.
La madre de Marisa fue concertista de piano, egresada del Conservatorio Nacional y de un día para el otro enfermó de miastenia gravis que la incapacitó para tocar piano, sin poder tocar mas y focalizó todas sus fuerzas y su vida en Dios. Era el Evangelio de una mujer que en su largo sufrimiento vivía con Dios.
Al fallecer también hay una historia muy linda de una vidente que fue al velorio y que la reconoció y le dijo "A esta mujer yo la vi ayer!! me dijo que estaba preocupada por su hija que había quedado en Buenos Aires”. La madre de Marisa había fallecido el día anterior, tenía pensado ir a Garabandal, pero nunca lo pudo hacer ... al menos eso pensaban ...
En el viaje de vuelta desde Chile, ya en el avión, abro el Evangelio mientras recordaba lo que había visto por la tele sobre la Virgen de Fátima y me preguntaba si habría alguna iglesia de la Virgen de Fátima en Buenos Aires y donde estaría. Ni bien abro el Evangelio se cae la única estampita que tenía adentro.
La levanto y por supuesto que era la de la Virgen de Fátima y debajo de la imagen decía "La Virgen te espera el día 13 en su templo" De mas está decir que ese día era el 13 y pienso "OK, pero dónde?" y al dar vuelta la estampita allí estaba la dirección y pienso, “bueno, pero  como llego” y mas abajo decía en la primer línea "Desde Saavedra colectivo línea 76".
Me quedé helado y me dio una alegría de aquellas por la invitación.

Y abro un paréntesis para explicar algo: una vez muchos años atrás fuimos al Parque de la Ciudad con el Metro. En esa época no teníamos auto y la plata no sobraba así que subte y metro con los tres chicos. Pasamos por un lugar realmente de miedo y unos instantes después nos tiraron una piedra que hizo estallar un vidrio del vagón en el que viajábamos. Para mis adentros pensé "A este lugar no vuelvo ni loco".
Ahora, con una guía de calles, ya que no tenía GPS iba rumbo al santuario de la Virgen de Fátima, respondiendo a su invitación. A medida que me acercaba al lugar, se iba haciendo todo más y más tenebroso. Poco tarde en darme cuenta que estaba en el mismo lugar donde asegure que no volvería jamás, dudé de seguir o dar la vuelta y acelerar. Confié en la invitación y seguí. Entro a la iglesia, rezo, rezo y al salir paro para comprarme un escapulario y un Rosario. No recuerdo si no había llevado plata o si no tenía cambio, pero no me alcanzaba para ambas cosas y el que me atiende le dice al de al lado algo asi como "¿Cómo le vamos a cobrar al devoto de la Virgen?” Y me regalan el escapulario".


Virgen de Guadalupe
Finalmente, un mes más tarde viajé a México a saludar a la Virgen de Guadalupe, me enamoré de ella y del lugar. En la empresa sabían que una de mis primeras salidas era siempre al Santuario, no salía a pasear, ni a comer a lugares elegantes… momento libre que tuviera momento que iba para allí.
La Virgen de Guadalupe es una experiencia única, uno se siente tan pequeño en su fe, uno ve a gente que viene peregrinando de cientos de kilómetros, gente que ingresa desde lejos rezando y avanzando larguísimos caminos de rodillas, gente muy humilde que con su fe sostiene este mundo. Es el verdadero amor materno y el verdadero amor de hijo, incondicional, que entrega todo.
El manto de San Juan Diego, sufrió mucho maltrato. Intentando lavar el marco lo chorrearon con ácido nítrico que milagrosamente solo mancho un costado y la mancha desaparece día a día. Sufrió un atentado con una bomba oculta bajo el altar que destruyo mucho y dobló totalmente un cristo metálico, pero que no le hizo absolutamente nada al manto de Juan Diego donde la Virgen nos regaló su imagen.

Cuando uno ve el cuadro del manto en la base están escritas las palabras de la Virgen, “No temas. ¿No estoy yo aquí, que soy tu Madre? ¿No te encuentras bajo mi sombra, a mi cobijo?” estas palabras también las recordaría cuando estaba internado.


Virgen de Betania
Estando en casa y viendo el canal de María por televisión, vemos el documental de apariciones Marianas, donde mencionan la aparición ante miles de fieles en un lugar cerca de Caracas llamado Betania. Estas apariciones fueron reconocidas por el mismo obispo de allá. Nuevamente suspiro diciendo, que lindo, como me gustaría ir allá, pero Venezuela pertenece a otra región que no tiene nada que ver conmigo.
Pasa la noche, viene el día.
Me llega un mail de mi jefe diciéndome que saque un pasaje que nos vamos a un congreso que se hacía en Caracas organizado por nuestro canal de distribución. Que yo iba a presentar “XChange” (un producto pequeño de nuestra cartera de productos que desconocía y no me interesaba conocer). Hago los preparativos del vuelo y un par de días mas tarde llamo a mi jefe para conocer los detalles de alojamiento y agenda y me responde "¿Porque me preguntas esto si vos no vas? no es tu región ni producto" a lo que le respondí “Me mandaste un mail diciendo que iba a hablar, que prepare todo, etc”
Me responde "en serio? Yo te lo envié? que raro!." Y agrega “Realmente no recuerdo, pero dale, veníte!!!

Estudié el producto en el avión y en el hotel y di una conferencia que me vinieron a felicitar. Les sorprendió la profundidad con la que conocía el producto (yo con cara de póker y seguramente alguien en el cielo que me había guiado en mi discurso se estaba muriendo de risa).
Terminada la conferencia en las oficinas del distribuidor averiguo del lugar de apariciones de Betania y un par de secretarias se entusiasmaron mucho y me consiguieron un taxi para ir allá (que era bastante lejos y llevaba más de medio día ir) así que pude ir.


Aparición de la Virgen en Conyers
Otra vez, esta vez de manera más sencilla, estando en mi empresa en Atlanta USA, una secretaria de nuestro grupo, una señora ecuatoriana que le decíamos “mamá” me contó que había un lugar de apariciones muy cerca de allí. Que mucha gente había logrado fotografíar las apariciones. Fuimos con su marido y con un compañero mío de Brasil. El lugar es muy lindo, la tierra era de otro color y en el lugar había una increíble paz.

Es decir que por invitación directa de la Virgen estuve en Lujan, San Nicolás, Guadalupe México, Betania, Medalla Milagrosa, Lourdes y Conyers. ¿Cómo dudar del amor que me tiene María que me lleva a tantos lugares de aparición de maneras tan milagrosas?
La confianza de llegar a Dios a través de la Virgen me la dio también Juan Pablo II que con su testimonio me convenció que si El confiaba que el camino mas directo para llegar a Jesús era María, seguramente eso es cierto.

Dios moldea permanentemente mi vida, me viene a buscar siempre de las mas variadas maneras: Hace muchos años, luego de haber pasado un tiempo de no ir a misa, vamos para Pascuas con Marisa a Santa María de los Angeles y queriendo pasar desapercibido me quedo en el fondo, pero me llama el Padre y me hace cargar con la cruz.
En la primera visita a San Nicolás, mientras rezaba tranquilito, viene una señora y me llama para que lea una de las lecturas.
Mi vida está llena de "coincidencias" y de "milagros", si escribiera todo lo que me ha ocurrido desde chico no me alcanzarían las hojas para relatar Su presencia en mi vida.
María con su amor sin duda que me hace llegar a través de su Hijo a mi salvación.

Germán Speicher  
mpse63@hotmail.com



2 comentarios:

  1. ES USTED UNA PERSONA DE MUCHA SUERTE ESPERO QUE LA SEPA USAR EN POS DE LOS MAS NECESITADOS GRACIAS

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